lunes, 31 de mayo de 2010

Picos de Europa

"300 millones de años han sido necesarios para que los Picos de Europa presenten su actual topografía; distintos plegamientos y glaciaciones han conformado su tortuoso paisaje, de altivas montañas presididas por impresionantes agujas y afiladas aristas, de profundas y retorcidas gargantas surcadas por aguas cristalinas, que dan paso a frondosos valles cubiertos de bosques y praderas."

Ya en el Paleolítico Superior (entre 35.000 y 10.000 años de antigüedad), aparece en escena la especie humana. En este período la actividad principal era la caza. Su preferencia por los abrigos rocosos ha dado lugar a una gran cantidad de cuevas paleolíticas con presencia de este arte rupestre en la Península.

Es en el Neolítico cuando el hombre domestica los primeros animales herbívoros y aprende a cultivar la tierra. Surgen así los primeros pobladores de los Picos de Europa que, asentados en los valles, se desplazaban temporalmente a los pastizales de montaña, donde el ganado encontraba abundancia de alimento.

Entre los siglos II y I a.C. llegaron los pueblos Celtas. Antiguos pobladores de estas montañas, eran un pueblo propenso a divinizar los fenómenos y elementos de la naturaleza y distinguido por su valor en la lucha. El "Mons Vindius" era su Dios, al que veneraban, que no era otro que el "Monte Blanco", haciendo alusión a las blanquecinas peñas calizas que asoman de los macizos Central y Occidental. Abrigados por su dios de Piedra, astures y cántabros eran invencibles en las contiendas hasta que el propio César Augusto tuvo que intervenir para conseguir la pacificación tras diez años de luchas internas.

Siete siglos después (año 711), llegaron los árabes y de nuevo las peñas brindaron su protección a los astures. De esta forma, Don Pelayo, con un reducido ejército, consiguió vencer al ejército musulmán, entre aquellos bosques y macizos rocosos, en la famosa batalla de Covadonga (s. VIII). Se había iniciado un proceso que duraría más de 600 años y que se conoció como la Reconquista.

A lo largo de la Edad Media toman protagonismo las iglesias y monasterios, se fundan pequeños pueblos y se construyen caminos entorno a los Picos de Europa.

En estos parajes, la vida se sustentaba en la caza y ganadería. La fauna salvaje era tan abundante que todavía en el siglo XVI los hombres de Abamia iban a misa armados con lanzas. Desde entonces hasta nuestro siglo, el aislamiento geográfico mantuvo tradiciones y paisajes inalterables.
Son muchas las voces que, durante una década, piden la integración del resto de los Picos de Europa en la Red de Parque Nacionales, y que se establezca un modelo de gestión que asegure la conservación de sus valores naturales y el desarrollo para sus pobladores.
A tal fin, el 30 de mayo de 1995, las Cortes Generales aprueban la declaración del Parque Nacional de los Picos de Europa. 
Los Picos de Europa son un macizo montañoso localizado en el norte de España que pertenece a la parte central de la cordillera Cantábrica. Aunque no muy extenso, su cercanía al mar hace que sea pródiga en accidentes geográficos de gran interés. En la actualidad el Parque Nacional de los Picos de Europa constituyen el segundo parque nacional más visitado de España, después del Parque Nacional del Teide (Tenerife).
Esta formación caliza se extiende por Asturias, Cantabria y León y en ella destacan sus alturas, en muchos casos por encima de los 2.500 metros, por lo cerca que se encuentran del mar Cantábrico, pues en su punto más septentrional apenas se distancian 15 kilómetros del mar. Geográficamente los Picos de Europa se encuentran en la línea de la Cordillera Cantábrica, si bien son considerados como una unidad independiente de ésta por su formación más reciente. Ocupan una superficie total de 64.600 hectáreas repartidas entre las tres provincias.
Los Picos de Europa están divididos en tres macizos: el macizo Occidental o Cornión, el macizo Central o de los Urrieles y el macizo Oriental o de Ándara.
Las mayores alturas se encuentran en el macizo de los Urrieles, que pasa por ser el más agreste de los tres, pues catorce de sus cimas superan los 2.600 metros de altitud, con el Torrecerredo, de 2.648 metros, como techo de estas montañas y tercer máximo de toda la Península Ibérica, después de Sierra Nevada y los Pirineos. Otra montaña que se encuentra en este macizo es el Naranjo de Bulnes o Picu Urriellu, de gran importancia histórica en el alpinismo español. Fue conquistado por primera vez en 1905 por Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa y en primer lugar por su compañero de cordada, natural de Caín de Valdeón
En el macizo Occidental o Cornión, llamado así por la forma de cuerno que ofrece su silueta al ser avistado desde el oeste, destaca la Peña Santa, que con sus 2.596 metros de altitud supera en 110 a la siguiente cima de este macizo, la Torre de Santa María o Torre Santa de Enol. Por estas dos montañas, la Peña Santa y la Torre Santa, este macizo es también conocido como el de las Peñas Santas.
El macizo Oriental, también llamado de Ándara por estar en él el circo del mismo nombre, es el más modesto de los tres, tanto en alturas (su techo, la Morra de Lechugales, alcanza los 2.444 m de altitud) como en verticalidades.

Algunos historiadores han llegado a identificar los Picos de Europa con el legendario Monte Vindio en el que, según el cronista Lucio Anneo Floro, los cántabros se refugiaron de las legiones romanas y donde pensaban que «habían de subir las olas del mar antes que las armas de Roma».
En la Ora Marítima, una obra de Rufo Festo Avieno que recoge el Periplo massaliota del 530 a. C., ya se describe cómo los navegantes que pasaban por la costa cantábrica hacia Bretaña, distinguían estos montes.
En el año 1530 el historiador Lucio Marineo Sículo las denominado ya Rupes Europae. Ambrosio Morales, cronista de Felipe II, las cita en 1572 como Montañas de Europa. Fray Prudencio de Sandoval, en 1601, las llama Peñas o Sierras de Europa, al igual que el portugués Rodrigo Méndez Silva, el benedictino Gregorio de Argaiz, el jesuita Luis Alfonso de Carballo y el también monje benedictino Francisco de la Sota.
Existen numerosas teorías sobre por qué recibieron este nombre los Picos de Europa. Tradicionalmente se ha asociado el origen de su toponimia al hecho de que supuestamente era la primera tierra europea que los navegantes divisaban al venir de América, aunque este supuesto no es compartido por muchos estudiosos.
Otras hipótesis sugieren que la denominación viene por la sorpresa que para los visitantes de la península suponía encontrar estos enérgicos farallones calizos en los confines de Europa, o que fue acuñada por los peregrinos centroeuropeos a Santiago de Compostela, que habrían denominado así a estas montañas por su parecido con los Alpes.
También se sugiere que el nombre provenga de la denominación que le daban los marineros y gente del mar, los cuales veían el primer signo de España, que eran estas montañas. Estos marines procedían de Europa o de Escandinavia (anteriormente no se las consideraba del mismo continente), y los marinos comenzaron a llamar a estos montes, Picos de Europa y Escandinavia. Aún así, este nombre se ha ido perdiendo con el paso del tiempo, pues su pronunciación era larga y costosa, y se fue normalizando hasta que en el siglo XIX adoptó definitivamente el nombre Picos de Europa.

Tal como fuera la realidad es que se desconoce a ciencia cierta la razón de este significado para estas grandes cumbres, máxime si tenemos en cuenta que los habitantes de las comarcas próximas les llaman simplemente Los Picos. No será hasta partir del siglo XIX cuando la denominación Picos de Europa pase a ser comúnmente aceptada, desechando casi por completo el nombre Picos de Europa y Escandinavia

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