martes, 25 de febrero de 2014

El Abrazo.


Una definición sobre abrazar.
Todos sabemos lo que es un abrazo o el acto de abrazar. Según lo define la RAE en su primera acepción sería el acto de ceñir con los brazos, aunque también señala otras como el estrechamiento de los brazos en señal de cariño o el hecho de rodear, ceñir por sí mismo. También podemos definirlo como estrechar a otra persona entre nuestros brazos como forma de saludo, dar afecto o consuelo.
Es decir, el abrazo es un excelente medio de comunicación entre las personas que no necesita ser hablado ni expresado a través de las palabras. Pero, más allá de todas estas definiciones teóricas ¿alguna vez hemos pensado todo lo que conlleva un abrazo? ¿cómo sentimos los abrazos y qué repercusiones tienen sobre nosotros? ¡Cuánto silencio acompaña a un abrazo! y ¡cuánto se dice a través del mismo! Abrazar,es una caricia del alma Muchos de nosotros si echamos una vista hacia el pasado, a nuestros recuerdos, encontraremos numerosas situaciones significativas en las que un abrazo fue suficiente como consuelo, acto de cariño o respuesta a algo que necesitábamos, incluso también como un regalo de nuestros seres queridos.

Los Abrazos son terapèuticos,abrazar es una maravillosa forma de dar amor a los que nos rodean,es acariciar el alma de quien tenemos cerca. La duración media de un abrazo entre dos personas es de 3 segundos. Pero los investigadores han descubierto algo fantástico. Cuando un abrazo dura 20 segundos, se produce un efecto terapéutico sobre el cuerpo y la mente. La razón es que un abrazo sincero produce una hormona llamada “oxitocina”, también conocida como la hormona del amor. Esta sustancia tiene muchos beneficios en nuestra salud física y mental, nos ayuda, entre otras cosas, para relajarse, para sentirse seguro y calmar nuestros temores y la ansiedad. Este maravilloso tranquilizante se ofrece de forma gratuita cada vez que tenemos a una persona en nuestros brazos, que acunamos a un niño, que acariciamos un perro o un gato, que estamos bailando con nuestra pareja, cuanto más nos acercamos a alguien o simplemente sostenemos los hombros de un amigo.
Abrazar es una maravillosa formar de dar amor a los que nos rodean, es acariciar el alma de quien tenemos cerca.

Todos funcionaríamos mejor si abrazáramos o nos dejáramos abrazar más a menudo, porque aunque abrazar es un acto cotidiano, desconocemos la plenitud que nos proporciona. Es verdad, que hay muchos tipos de abrazos, algunos de carácter más positivo, otros más negativos, cada uno alberga diferentes intenciones, estableciéndose un lenguaje simbólico entre la persona que lo da como la que lo recibe. Pero lo importante no es solo recibir abrazos, sino también darlos, y pedirlos si es necesario. ¡Abrazar también es un arte! Beneficios de un abrazo.

Resulta imposible enumerar todos los beneficios que reporta un abrazo, ya que habría que detenerse en cada situación específica, observando el contexto, el motivo, las personas implicadas y la historia de cada una, pero podemos mencionar algunos de los beneficios generales que aportan los abrazos positivos como: -Disminución del estrés. -Sensación de seguridad y protección. -Ayuda a nuestra autoestima. -Transmisión de energía y fortaleza. -Mejora de las relaciones interpersonales. -Promueve la sensación de tranquilidad. Pero lo mejor es que lo comprobéis por vosotros mismos cuando seáis partícipes de la experiencia de un abrazo, pues no hay dos abrazos iguales por mucho que queramos y recordad que la vida es como el abrazo de un desconocido.
 “Hay un traje que se amolda a todos los cuerpos… un abrazo”

lunes, 11 de noviembre de 2013

Jaen

Jaén es una de las ciudades más antiguas de España, ya que recientemente ha sido descubierto el yacimiento neolítico de Marroquíes Bajos, en el norte de la ciudad, que data de aproximadamente 2.500 años antes de Cristo, con viviendas dispuestas en círculos concéntricos y una incipiente infraestructura hidráulica. Jaén fue a continuación un campamento cartaginés, antes de la llegada de los romanos, que le dieron el nombre de "Auringis" o "Aurgi", por la presencia de oro. Aún quedan algunos vestigios de esa época. Después de la etapa visigoda, la dominación musulmana de la denominada "Geen" (camino de caravanas) se extendió hasta la conquista por Fernando III "el Santo" en 1246. Hasta esa fecha Jaén era cabecera de su propio reino y una de las mayores ciudades de Europa. Jaén es una de las ciudades más antiguas de España, ya que recientemente ha sido descubierto el yacimiento neolítico de Marroquíes Bajos, en el norte de la ciudad, que data de aproximadamente 2.500 años antes de Cristo, con viviendas dispuestas en círculos concéntricos y una incipiente infraestructura hidráulica.

 Jaén fue a continuación un campamento cartaginés, antes de la llegada de los romanos, que le dieron el nombre de Auringis o Aurgi, por la presencia de oro. Aún quedan algunos vestigios de esa época. Después de la etapa visigoda, la dominación musulmana de la denominada Geen (camino de caravanas) se extendió hasta la conquista por Fernando III el Santo en 1246. Hasta esa fecha Jaén era cabecera de su propio reino y una de las mayores ciudades de Europa. La ciudad de Jaén, capital de la provincia de su nombre, se alza al pie del Cerro de Santa Catalina, en torno a cuyas laderas se apoya buena parte de su recinto urbano. De ahí el que abunden las calles empinadas y de pronunciada pendiente. Abrazada al S. y S.O. por un semicírculo de montañas que confieren agreste apariencia al paisaje, hacia el N. y N.E. se extiende en amplias y resecas campiñas. Ciudad de origen antiquísimo, sus primeros vestigios de población se han descubierto en los alrededores de la actual calle de Cristo Rey y en una cueva sita en el paraje de Caño Quebrado, próximo al actual Castillo. A poca distancia de la ciudad actual, en el lugar conocido como Plaza de Armas, cerca del Puente Tablas, se ha localizado una ciudadela ibérica. Dominada hacia el año 207 a. C. por Publio Cornelio Escipión, los romanos consolidaron su inicial núcleo de población, dándole los nombres de Auringi, Orongi y Aurgi. En el año 74, Vespasiano la declaró municipio. Según la tradición, uno de los Siete Varones Apostólicos, Eufrasio, introdujo en ella el cristianismo.
 En el año 712, cae en manos de los árabes, que la denominan Yayyan. Otro de sus topónimos sería el de Geen o "lugar de paso de caravanas". Durante la dominación árabe se fijarían ya las líneas básicas de su desarrollo urbano, convirtiéndose la ciudad en una plaza fortificada que jugaría un importante papel en las luchas internas de este período histórico. Tras ser sometida a varios cercos, Alhamar la entregó al rey Fernando III, en la primavera de 1246. El rey castellano amplió y consolidó sus defensas, convirtiéndola en una plaza fronteriza de gran interés estratégico. Trasladada a Jaén la sede del obispado, que hasta entonces estuvo en Baeza, a partir de 1249 la ciudad acrecentaría su pujanza como capital del reino y obispado de su nombre, prestando inestimables servicios a la corona de Castilla en su calidad de avanzada hacia “tierra de moros”. Con este motivo, los monarcas castellanos le concederían singulares privilegios, entre los que destaca la concesión por Enrique II de una leyenda que orlara su escudo de armas, con la inscripción emblemática de “Muy Noble, Famosas et Muy Leal Ciudad de Jaén, Guarda e Defendimiento de los Reinos de Castilla”. Durante los siglos XIII al XV, la actividad bélica en la ciudad y sus alrededores sería continua, sufriendo varios asaltos y saqueos. La residencia en Jaén, entre los años 1460-1463 del Condestable de Castilla, don Miguel Lucas de Iranzo, privado de Enrique IV, sería motivo de un cierto florecimiento continuado al hacerla los Reyes Católicos base logística en sus campañas para la conquista de Granada.
A partir de 1492, comienza su lento y paulatino declive, que se acentúa en los siglos XVII y XVIII. Su economía, básicamente agraria y su pobre sistema de comunicaciones, hacen que la ciudad se estanque y empobrezca. También se inicia entonces una amplia emigración de giennenses más allá de los océanos, de la que son evidente testimonio la existencia de otras ciudades llamadas también Jaén, en Perú y en Filipinas. En los comienzos de XIX la Guerra de la Indendencia vuelve a convertir la ciudad en una plaza fuerte de interés logístico y estratégico, lo que al final traerá consigo una inevitable decadencia económica, de la que Jaén no se recuperará. Por su situación geográfica, Jaén será en la primera mitad del XIX paso obligado en los pronunciamientos militares, siendo aquí donde en septiembre de 1824 terminará la efímera gloria del general don Rafael Riego. Fijada en la ciudad la capitalidad de la provincia de Jaén, tras la división administrativa y territorial de 1833, la ciudad se convertirá en una capital provinciana con una endeble economía basada en la actividad agraria, la administración y los servicios.
Será a partir de 1960 cuando Jaén iniciará un notable crecimiento que acabará por transformar casi por completo su conjunto urbano. Hoy, con 113.141 habitantes, Jaén, sin renunciar del todo a sus notas distintivas, está adquiriendo una nueva fisonomía.